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Este Blog tiene la desmesurada ambición de presentar imagenes e información de nuestra querida Habana con el fin de que las futuras generaciones puedan apreciarlas así como nosotros hacemos con lo que nos transmitieron las generaciones actuales y anteriores

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Lic.Michael Vazquez Montes de Oca

martes, 16 de agosto de 2016

Simbolos



Simbolos

Bote



Bote

Boda



Boda

Callejon



Callejon

Bateria de Cañones



Bateria de Cañones

Atardecer en el Malecon






Atardecer en el Malecon

Amenaza






Amenaza

Atardecer en la Habana


Atardecer en la Habana

sábado, 13 de agosto de 2016

Otros lugares de La Habana



Otros lugares de La Habana
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Ciro Bianchi Rossdigital@juventudrebelde.cu
30 de Mayo del 2015 20:59:01 CDT
¿Dónde se ubicaba la Plaza del Polvorín, que usted menciona en alguna que otra página? ¿De qué edificio guardan recuerdo las ruinas que desafían el tiempo en Calzada entre Paseo y 2, en el Vedado? ¿A qué debe su nombre el restaurante 1830?  ¿Cuál es la historia del parque Maceo, frente al hospital Hermanos Ameijeiras, al final del primer tramo del Malecón y a la altura de la calle  Belascoaín?  Lectores jóvenes y no tan jóvenes abordan al escribidor en la calle con esas y otras preguntas, que intentaré responder ahora. Comenzaré por la última de ellas.
El parque Maceo se inauguró el 20 de mayo de 1916, cuando se develó el monumento con el que se rinde homenaje al Lugarteniente General del Ejército Libertador, obra del escultor italiano Domenico Boni. Una ley de 1910, firmada por el presidente José Miguel Gómez, disponía la realización de la estatua y establecía para ello un presupuesto de 100 000 pesos. En virtud de esa disposición se libró en 1911 una convocatoria pública, en la que se llamaba a «los escultores del mundo» a enviar sus propuestas al certamen. La inauguración tuvo lugar bajo la presidencia del mayor general Mario García Menocal.
La plataforma del monumento se asienta en cuatro grandes figuras representativas: delante, la Acción y el Pensamiento; detrás, la Justicia y la Ley. En el frente del zócalo, el relieve de Mariana, en el momento de hacer jurar a sus hijos fidelidad y sacrificio por la Patria. Detrás, en el mismo zócalo, la representación de la batalla de Peralejo. Alrededor del fuste cuatro grandes relieves evocan hazañas del Titán: Mangos de Megía Baraguá, Cacarajícara y La Indiana. En el frente, la Victoria vuela sobre una proa empujada por las almas de los héroes. En la parte posterior, la República, con la bandera desplegada al viento, acoge agradecida al asistente, la figura más humilde del Ejército. Arriba del fuste, en el remate de los lados, dos relieves: el triunfo de la Paz y del Trabajo. En el frente, el escudo de la República; detrás, el escudo de La Habana.
Corona el monumento la estatua ecuestre de Maceo. Viste uniforme militar con la cabeza descubierta, lleva el machete en una mano y, con la otra, sostiene la rienda de su cabalgadura. Mira hacia el frente y arenga a sus hombres a lanzarse al combate. Son de bronce todas las partes escultóricas y decorativas del monumento, y el granito prevalece en la parte constructiva.
A lo largo del tiempo, el parque ha sido objeto de modificaciones. Mucho lo afectó el huracán de 1926, como se aprecia en el testimonio gráfico de la época. Su amplitud y ubicación frente al mar consolidan su grandiosidad y belleza.
En el lugar que ocupa existió una fortaleza española, la batería de la Reina, y también una entrada de mar, la caleta de San Lázaro, que se menciona en las crónicas más antiguas dedicadas a La Habana.
Las ruinas de calzada
Las ruinas de Calzada, entre 2 y Paseo —dos o tres columnas apenas—, corresponden al salón-hotel Trotcha, fundado en 1886 por el empresario catalán Buenaventura Trotcha, quien vivió durante más de 70 años en La Habana, donde falleció en 1910.
El establecimiento comenzó con un salón —bar, café y restaurante— al que con el tiempo se le adicionó una sección para alojamiento. Cree recordar el escribidor que allí se alojó la jefatura de las tropas norteamericanas que ocuparon la capital de la Isla en 1899, y que en uno de sus salones España firmó la capitulación de la ciudad. Contaba con jardines bellísimos, a los que se accedía por Paseo, así como con un criadero de cocodrilos que impactaban a huéspedes y visitantes. Una guía turística de La Habana, elaborada en Estados Unidos, asegura que permanecía abierto a mediados de los años 50. Con el tiempo desapareció el área de albergue, que era de madera, y permaneció el salón, de mampostería, adaptado a casa de vecindad. Un incendio acabó destruyéndolo a comienzos de la década de 1990.
El poeta Julián del Casal le dedicó una de sus crónicas, publicada en el periódico La Discusión, de 23 de enero de 1890. Confiesa en su página que el día anterior decidió trasladarse «al poético caserío del Vedado para distraer el fastidio, andar al aire libre y huir de las monótonas diversiones de la ciudad».
Oscurecía. Los últimos reflejos del sol flotaban esparcidos sobre las ondas inmóviles del mar. El calor se apaciguaba y se respiraba un aire fresco que parecía salir de inmensos abanicos agitados por manos invisibles. Los pescadores aguardaban la captura, encorvados sobre las redes tendidas… Había llegado el poeta «al risueño pueblecito, el más tranquilo, el más pintoresco y el más moderno de los que se encuentran en los alrededores de la capital».
«Todo el que vive en La Habana lo ha visitado alguna vez. Tiene el brillo de una  moneda nueva  y la alegría silenciosa de las poblaciones. La miseria no ha penetrado en sus ámbitos y sus habitantes parecen dichosos. Allí se refugian, en los meses de verano, los que el calor destierra de la ciudad, los escasos poseedores de bienes de fortuna y los que no se atreven a alejarse del suelo natal».
«Dentro de este sitio encantador, se han levantado, en los últimos años, numerosos edificios, construidos a la moderna y de diversas proporciones. El más grande de todos es el salón Trotcha, nombre igual al de su propietario. En los primeros años ha sido el punto de reunión de los temporadistas, y se encuentra convertido en magnífico hotel, semejante a los de Niza, Cannes, San Sebastián y otras ciudades balnearias».
Describe el establecimiento el cronista: la verja de hierro, el jardín encantador, los senderos cubiertos de arena a la manera de un parque inglés, las glorietas espaciosas a cuya sombra los huéspedes descansan y degustan los licores de su preferencia.
En el restaurante, abierto en el piso del edificio que está al nivel del jardín, todo invita a satisfacer las necesidades humanas más imperiosas. Los manjares exquisitos, la calidad del servicio, la profusión de licores, el refinamiento de manteles y vajillas, la delicadeza de los propietarios, hacen que el Trotcha sea el lugar escogido por las personas de gustos más exigentes.
Desde el restaurante se asciende al piso principal, y el visitante se halla en un salón elegante que luce muebles labrados, espejos venecianos, alfombras suntuosas, jarrones japoneses y mesas cubiertas de bibelots. «Este salón tiene la apariencia de un parloir inglés, dice Casal. Detrás,  están las habitaciones de los huéspedes, lujosamente decoradas».
Concluye el poeta: «Este hotel, descripto a la ligera, para que puedan formar idea nuestros lectores, está montado a la altura de los mejores de Europa. Nada tiene que envidiar a ninguno de ellos».
Relativamente cerca de este hotel ya desaparecido, sobre la misma calle Calzada, se halla el restaurante 1830. Ocupa la mansión que fue propiedad de Carlos Miguel de Céspedes, ministro de Obras Públicas en el Gobierno dictatorial de Gerardo Machado y senador de la República en el momento de su fallecimiento, en 1954. Entonces José Curráis Fernández, propietario de La Zaragozana, quiso adquirir el inmueble. Las nietas de Carlos Miguel, confesó una de ellas al escribidor hace ya mucho tiempo, se negaron a venderlo, pero terminaron alquilándoselo. Surgía así el restaurante 1830, que es la fecha en que se estableció La Zaragozana.
El polvorín
En 1868, tras el derribo de las Murallas, el Ayuntamiento habanero, interesado en crear un nuevo mercado, obtuvo de la Corona española el terreno que enmarcaban las calles de Monserrate, Zulueta, Ánimas y Trocadero. A partir de 1882 se construyó en ese espacio conocido como Plaza del Polvorín, el mercado de Colón, que terminaría dándole nombre a toda la barriada.
En opinión del historiador Emilio Roig en su libro La Habana: apuntes históricos, se trató del mejor de los mercados que desde el punto de vista arquitectónico tuvo La Habana. Era una vasta construcción de sillería, con una rotonda central formada por columnas de hierro fundido y una cúpula de acero en la parte central de la fachada principal, sobre la calle Zulueta.
El edificio fue proyectado y ejecutado, a un costo de 100 000 pesos oro español, por el arquitecto José María Ozón y el ingeniero José C. del Castillo, ambos cubanos, con la colaboración de Emilio Sánchez Osorio, arquitecto municipal.
Joaquín Weiss elogiaba la típica arquería romana que rodeaba toda la manzana, mientras que otro importante arquitecto, José M. Bens, precisaba: «Ozón dio tal importancia y amplitud al bello pórtico que rodeaba al edificio, y al otro que bordeaba el patio, que alcanzó con esto esa cualidad casi imponderable de maestría que tienen las obras maestras».
El Ayuntamiento habanero otorgó la concesión del mercado al señor Francisco Tabernilla, padre del militar de igual nombre que tras el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, con grados de Mayor General, llegaría a ser, primero, jefe del Ejército cubano y, luego, del Estado Mayor Conjunto. El beneplácito se extendería por 25 años, transcurridos los cuales el mercado pasaría a ser propiedad del municipio habanero. En sus galerías y portales operaban más de 200 establecimientos comerciales de toda índole, mientras que los pisos superiores estaban ocupados por unos 500 inquilinos cuando en 1947 el Ministerio de Salubridad ordenó su clausura definitiva. Federico Villoch, en sus Viejas postales descoloridas, dice que «un teatro chino que ocupaba parte de los altos de la Plaza del Polvorín, tenía siempre alborotados los alrededores con sus escandalosos y disonantes plantillazos y el doliente y penetrante gemido de sus chirimías y violines…».
Se construiría allí el Palacio de Bellas Artes para dar albergue al Museo Nacional. Dice Emilio Roig que por sus valores de permanente belleza y tipicismo, el mercado de Colón o Plaza del Polvorín merecía salvarse. Así pareció que sería ya que, de inicio, se pensó en mantener en la nueva edificación los hermosísimos exteriores del edificio primitivo, que comenzaron a restaurarse y se construyó, según planos del arquitecto Evelio Govantes, una muy bella portada, no por Zulueta, como en el caso anterior, sino por Trocadero, frente al parque Zayas —actual Memorial Granma.
El proyecto quedó en el camino. Los funcionarios responsabilizados con la construcción del futuro Palacio y Museo quisieron un edificio enteramente moderno y funcional, y así, dice Roig, «fue demolido uno de los mejores ejemplares de la arquitectura del período neoclásico».

Vuelta a la Habana



por CIRO BIANCHI ROSS
ciro@juventudrebelde.cu
POCAS imágenes de La Habana son tan
conocidas en el mundo como la del Castillo
del Morro. Demoró casi 50 años en ser
construido y formó parte de un sistema de
fortificaciones que convirtió a la villa en uno
de los destinos mejor protegidos del continente.
Los destellos de su faro, cada 15
segundos, orientan la navegación en el
estrecho de la Florida y señalan la entrada
del puerto habanero. Regala una de las
mejores perspectivas de la ciudad.
CON NOMBRE PROPIO
Desde que hace más de cien años
comenzó a construirse, los habaneros lo
hicieron lugar de preferencia para el paseo.
Y parejas de enamorados acudieron en busca
de intimidad; una intimidad que consiguen
aunque casi a su lado se hallen otras
parejas con el mismo propósito. Es el Malecón
y es tanta su importancia que ese nombre
genérico adquiere aquí categoría de propio
y se escribe con letra inicial mayúscula.
LA PORTADA MÁS HERMOSA
De «música convertida en piedra» calificó
Alejo Carpentier la monumental fachada
barroca de la Catedral de La Habana, considerada
la más hermosa y acabada de la
arquitectura colonial y que contrasta con los
sobrios interiores del edificio que empezó
siendo una pequeña ermita dedicada a San
Ignacio de Loyola, pasó a ser oratorio mayor
de los jesuitas y se consagró como Catedral
en 1789. Aquí se guardaron, hasta 1898,
los restos de Cristóbal Colón.
HOMENAJE MERECIDO
Martí le llamó «el silencioso fundador».
Fue un formador de conciencias. En medio
de la Colonia fijó actitudes morales. Engrandeció
el sentido de la nacionalidad cubana.
Sin hablar nunca de política, educó en las
aulas de su colegio El Salvador a una generación
entera contra España y más de 200
de sus discípulos se sumaron a las huestes
mambisas. Merecido monumento, en la
Avenida del Puerto, a José de la Luz y Caballero,
maestro de la juventud cubana.
MONUMENTAL Y SOBRIO
Por sus valores, el Palacio de Pedroso figura
entre nuestras más bellas reliquias. Su
constructor ordenó dotarlo de cuatro pisos y
quiso que dispusiera de un patio que es el
más espacioso de toda La Habana antigua,
mientras que su fachada, monumental y
sobria a la vez, luce un balcón corrido de
madera y tipo morisco. La Condesa de Merlin
lo visitó en su viaje a La Habana (1844) y
plasmó en sus memorias los buenos ratos
pasados en la casa de su tío Montalvo.
TIEMPO Y ESFUERZO
Quizá pocos sitios de La Habana hayan
sido sometidos a un proceso de restauración
tan arduo y completo como la Plaza
Vieja. Hubo que emplear mucho tiempo y
esfuerzo para devolverle su esplendor. Aún
se trabaja en el remozamiento del hotel
Palacio Cueto, que se ubica fuera de la Plaza
propiamente dicha, pero tan cerca que
parece que forma parte de ella. Vivo ejemplo
del quehacer que se acomete en esta
parte de la ciudad.
PRIMERA TERMOELÉCTRICA
A las 12:30 de la noche del 22 de febrero
de 1889, los habaneros fueron testigos
que propició un jugoso negocio sucio. Más
acá en el tiempo, cuando se construía el
acueducto de la Cuenca Sur, el alcalde de
turno enterró en áreas del parque un balde
de latón para simbolizar que ya no habría
necesidad de cargar ni almacenar el preciado
líquido porque el nuevo acueducto pondría
fin a la escasez. Pero la carencia siguió
siendo angustiosa.
HOSPITAL INSIGNIA
Se llamó Alfonso XIII y, con sus barracas
de madera, sustituyó las instalaciones del
Hospital Militar, clausurado por insalubre. En
1914 comenzaron a construirse pabellones
de mampostería de lo que sería el hospital
universitario. Por el hospital Calixto García,
que presta servicio en todas las especialidades
médico-quirúrgicas, han pasado,
como alumnos, internos o especialistas, los
grandes nombres de la medicina cubana.
SIN SALIDA AL MAR
Sus socios, salvo excepciones, no se
contaban entre las grandes fortunas cubanas,
pero el Vedado Tenis Club figuraba
entre los cinco grandes clubes de la burguesía
nacional. Su lujoso caserón de madera
fue modernizado, pero la instalación perdió
su salida al mar con la ampliación del Malecón.
Hoy es el centro recreativo José Antonio
Echeverría.
MECA DE LA MÚSICA
En 1918, María Teresa García Montes
de Giberga quiso reavivar el ambiente musical
habanero y creó la Sociedad Pro Arte
Musical. Diez años después, la dedicación
y el esfuerzo de esa mujer hicieron posible
la construcción de un teatro con 2 600 lunetas
y 24 palcos, que sobresale por su estilo
ecléctico, tan común en la barriada del
Vedado. Hoy, el Auditórium Amadeo Roldán
sigue siendo la meca de la música de concierto
en la ciudad.
YA NO SE SABE
No se sabe bien qué fue La Verbena, si
un salón de baile, un cabaret, una sala de
cine, un bar, una cafetería… Tampoco
importa demasiado precisarlo a estas alturas
porque ese nombre quedó grabado en
la memoria colectiva y sigue siendo punto
de referencia en el panorama urbano habanero.
Aunque hace mucho que no existe,
seguimos oyendo hablar de gente que vive
cerca de ese lugar o que cambiará de ómnibus
en La Verbena.
PARA INSPIRAR AL POETA
Jesús del Monte existía ya a mediados
del siglo XVIII y su parroquia data de 1695.
Era un punto en el camino que salía de la
ciudad y se adentraba en el campo. Un
caserío que progresó gracias a la pureza de
su atmósfera y la amenidad de su paisaje.
Es el actual municipio de Diez de Octubre,
nombre que lleva asimismo su populosa calzada.
La vía que inspiró a Eliseo Diego uno
de los poemarios cubanos más notables.
ESPONTÁNEAMENTE
No figura en el santoral, pero para los
cubanos es la patrona del viajero; no en balde
la Virgen del Camino, esculpida por Rita
Longa en 1948, en la salida hacia el este de
la Carretera Central,sostiene entre las manos
la rosa de los vientos de los navegantes. De
manera espontánea, ha sido objeto de culto y
devociones, y ha dado su nombre a la concurrida
plaza donde se erige y en la que confluyen
varias avenidas y carreteras.
Otra vuelta a La Habana
Menocal, para que lo adquiriera a nombre del
Estado cubano y lo destinara a Palacio Presidencial.
Como tal funcionó entre 1920 y 1965.
La Casa Tiffany, de Nueva York, tuvo a su cargo
la decoración y en su mobiliario y adorno se
invirtieron millón y medio de dólares. Oro, marfiles
y mármoles resaltaban el estilo del palacio
donde hoy radica el Museo de la Revolución.
UN PUNTO DE REFERENCIA
Decenas de miles de personas pasan a
diario por la Plaza de la Fraternidad Americana,
área arbolada y de paseos interiores,
importante nudo de comunicaciones viales
y del transporte habanero. Se construyó en
1928 y con ella se quiso rendir homenaje a
los principales próceres de la independencia
en el continente. En su centro se alza el
Árbol de la Fraternidad Americana, una ceiba
que se abonó con tierra de todas las
repúblicas de América.
LA REINA DE LAS CALLES
Su nombre es, desde 1918, Simón Bolívar,
pero solo en documentos oficiales se le
identifica así. Sigue siendo la Calzada de
Reina, denominación que data de 1844,
luego de haberse llamado de San Antonio
Chiquito y de San Luis Gonzaga. Hasta
1835 fue la principal salida hacia el campo
con que contó la ciudad, y con el tiempo,
una de sus grandes arterias comerciales,
muy maltratada ya por los años y la apatía.
La reina de las calles.
¿EL TEMPLO O LA LOGIA?
La esquina de Belascoaín y Carlos III
regala a los mayores el grato recuerdo de
La Casa de los Tres Quilos. Cruzando Belascoaín
se encuentra la Gran Logia Masónica
y a solo unos pasos el imponente templo
gótico que alberga la parroquia del Sagrado
Corazón de Jesús, la más alta de las construcciones
religiosas cubanas. ¿Cuál de
estos tendrá una altura mayor?
¿El templo o la logia? Ambos
son imprescindibles en la
silueta de La Habana.
BIBLIOTECA FANTASMA
En el parque Trillo, en el
barrio de Cayo Hueso, se edificó,
y demolió
después, una
biblioteca que
existió solo
en papeles y
de un hecho extraordinario cuando se encendieron
las lámparas eléctricas del Parque
Central. El apagón llegó tres días después,
al dañarse el generador de corriente
alterna que las alimentaba y que se hallaba
instalado en la antigua fábrica de gas de
Tallapiedra, a orillas de la bahía, la cual se
convertiría así en la primera central termoeléctrica
cubana.
LA MAYOR Y MÁS LUJOSA
En 1704, los padres belemitas albergaron
allí a enfermos y desamparados, alimentaron
a los hambrientos y dieron educación
gratuita a niños desvalidos. En 1854
los jesuitas establecieron en el Convento
de Belén un colegio que se convertiría en el
preferido de las familias más pudientes. En
Luz y Compostela radicaron hasta 1925,
cuando inauguraron en la barriada de Marianao
la mayor y más lujosa escuela privada
del continente.
HOTEL CON HISTORIA
El Sevilla se inauguró en 1908 y es la primera
instalación hotelera de lujo cubana. Por sus
predios pasó Al Capone. También Josephine
Baker, Ernest Hemingway y George Simenon…
Allí transcurre parte de la acción de
Nuestro hombre en La Habana, de Graham
Greene. Se alojó Enrico Caruso y, en 1910,
Rubén Darío intentó suicidarse arrojándose
desde uno de sus balcones. Intensa la historia
de este hotel entre dos siglos.
TODO EL ARTE
El Museo Nacional se fundó en 1910,
pero conoció de una existencia anodina e
incierta hasta que sus colecciones fueron
acogidas en el Palacio de Bellas Artes, cuya
construcción se vio signada por la polémica.
Hoy, restaurado con esmero, el edificio exhibe
el repertorio del arte cubano, desde la
Colonia hasta la contemporaneidad, con
salas transitorias que muestran el quehacer
de las últimas generaciones. Una visita que
gratifica y enriquece.
ORO Y MÁRMOLES
Mariana Seba se enamoró
de este edificio y
convenció a su esposo,
el general